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Avanza la innovación en Argentina.

Un robot que aplica herbicidas, nanosatélites, virus que se comen el cáncer, semillas que aprovechan al máximo la humedad del suelo. Estos son, entre otros, algunos de los resultados de la innovación tecnológica en Argentina.

En el área de la agricultura, el INTA Castelar desarrolló Trakur, un robot de bajo costo que se puede utilizar para la fumigación en invernaderos. Otro ejemplo, esta vez en el campo industrial, lo da la empresa IBR Solutions, que desarrolla desde 2007 robots para la industria. La idea en este caso es que el robot reemplace a la persona en tareas repetitivas, tediosas o insalubres. También se puede citar a la firma Robot Group que ha desarrollado un robot utilizando la plataforma Múltiplo con fines educativos.

Joan Cwaik, innovador tecnológico y gerente de Marketing y Comunicaciones para Latinoamérica de Maytronics, empresa que fabrica y comercializa la línea Dolphin (robots limpiadores de piscinas), señala que la robótica en la Argentina no se encuentra en manos de grandes industrias multinacionales, sino que los desarrollos en la materia son propiedad de emprendedores que aprovechan el código abierto y la democratización de los conocimientos.

"En la Argentina, creo que estaremos en condiciones de hacer manufacturas de robots domésticos competitivos frente a la región y al mundo en los próximos 5 a 10 años. Desde Maytronics, en los últimos años ya invertimos en investigación y desarrollo e hicimos pruebas de fabricación local", dice Cwaik.

"Fresco" y "Batata" pueden remitir a un tradicional postre, pero son ni más ni menos que dos nanosatélites creados en la Argentina por Emiliano Kargieman, fundador y CEO de Satellogic. ¿Su objetivo? Su propio hacedor lo explica: "Hacemos nanosatélites de unos 35 kilos de peso para tomar imágenes de alta resolución y hacer videos sobre cosas que no podemos ver con nuestros ojos. Tomamos esas imágenes, las procesamos y analizamos automáticamente para generar información valiosa para la toma de decisiones en distintas industrias, hoy con foco en agricultura y petróleo y gas".

Satellogic lleva lanzados cinco satélites desde 2013 y este año, hace poco menos de dos meses, lanzó los mencionados "Fresco" y "Batata". En noviembre lanzarán otro, y tres más en marzo. "La visión a largo plazo es tener una constelación de estos satélites que nos permita tomar imágenes de lo que está pasando en el mundo en tiempo real", explica Kargieman.

Lisandro Bril, socio gerente de Axia Ventures, empresa de ventures capital y desarrollo emprendedor en la Argentina, destaca entre muchas otras firmas innovadoras a Unleash, una compañía de biotecnología que, sobre la base de una patente del Instituto Leloir, del doctor Osvaldo Podhajcer, hace ingeniería genética para desarrollo de virus que atacan (se "comen") el cáncer de ovario y melanoma.

"Es un espacio nuevo que se abrió a nivel de mercado en octubre pasado, cuando la FDA [Food and Drugs Administration] de Estados Unidos autorizó por primera vez un medicamento sobre la base de virus para cáncer. Unleash licencia la patente y está en la Champion League entre las nuevas técnicas de tratamiento de cáncer sobre la base de inmunoterapias", destaca Bril.

En tanto, el software para banca sin sucursales está liderado en América latina por una empresa originada en estas tierras: Technicys.com le ha ganado a SAP e IBM la implementación de Banco Original en Brasil. En un año puso en línea un banco con diez millones de clientes y una sola sucursal. Tiene 500 personas trabajando en la Argentina y su CEO es Miguel Santos.

Otra gran innovadora criolla es Solapa 4, una empresa que lidera Tomás Peña y está basada en Saint Louis, Missouri, y que hace dos semanas obtuvo financiamiento del venture capital de Syngenta. ¿Qué hace? Agricultura de precisión: a partir de información satelital e interpretación de las características de cada campo, mide el riesgo crediticio de aquellos a los que se les vende semilla.

Si de semillas se habla, Bioceres es la firma indicada. En biotecnología de semillas, esta compañía está interesada en hacer productos que logren que las plantas incrementen su rendimiento. Se trata de ver cómo aprovechar mejor el agua y los nutrientes. "Esta línea se llama HB4; ya se ha puesto en soja, maíz y alfalfa y permite un mejor aprovechamiento del agua en condiciones de escasez", comenta Martín Vázquez, director científico de Bioceres e investigador del Conicet.

También en el rubro de la biotecnología de semillas, están el estudio de los microorganismos que conviven con la planta (se aprovecha el potencial de los microorganismos que ancestralmente están asociados al cultivo, les dan protección contra enfermedades y les permiten fijar mejor el nitrógeno). "Ahí lo que se necesita es «domesticar» a todos esos microbios, para reforzarles esas características", apunta Vázquez.

Esta última parte del negocio lo maneja Rizobacter. Por eso Bioceres se asoció con esa empresa para crear Semya, a través de la cual vehiculizan nuevos productos, como tratamientos de semillas que combinan estos microbios que permiten aprovechar mejor los nutrientes. "Esto es una innovación, porque trabajamos con consorcios de bacterias que están optimizados para cada tipo de ambiente y a cada cultivo. Esto se va a empezar a comercializar a fines de 2017", señala Vázquez.

En el campo de la biotecnología industrial, Bioceres utiliza los desechos de los cultivos para producir biomoléculas. Usa dos modelos para producir estas biomoléculas: un cultivo vegetal (biofactoría), del cual un ejemplo es la quimosina que se usa para cuajar la leche en la producción de quesos (la innovación es que se produjo de manera totalmente limpia y con alta calidad), o una bacteria (a partir de la cual se produce una molécula de alto valor agregado, por ejemplo, un bioplástico que podría usarse en la bolsa de supermercado, que sería biodegradable).

¿Una vaca que produzca una proteína especial es posible? Sí. En eso está la firma Biosidus, que trabaja con animales transgénicos. Juan Carlos Bidegaray, director de Desarrollo Institucional de la compañía, explica que se usan los animales para producir la proteína que se quiere; después esa proteína se aísla de la leche y se usa para elaborar un medicamento. Esto está en la fase de análisis clínicos.

"Otra forma de utilizar esta plataforma de animal transgénico es ponerle a la leche unos anticuerpos que tienen la capacidad de neutralizar unos virus (rotavirus), que causan mortalidad infantil en la Argentina. A esto último se lo llama alimento funcional y está en la primera etapa de prueba", destaca Bidegaray.

Biosidus también trabaja en otra plataforma tecnológica innovativa: se trata de la terapia génica, que es el uso de genes para el tratamiento terapéutico de patologías, que ya está entrando a las fases finales de evaluación clínica.

"Lo innovativo es que esto no es hacer medicamentos, sino que se usa el gen que, por ejemplo, mejora la irrigación, y se lo inserta en el ser humano", detalla Bidegaray.

En el mundo de los videojuegos, el último hit argentino es Sandbox, de la empresa Pixowl, que hace dos semanas lanzó el producto. Fue anunciado por Apple a nivel mundial y obtuvo dos millones de usuarios. Esto le da trabajo a 40 programadores argentinos.

NRG Patagonia, por su parte, fabrica aerogeneradores (molinos eólicos) de alta potencia, especialmente diseñados para soportar los fuertes vientos del sur del país. Afincada en Comodoro Rivadavia y con sólo 20 empleados, es una de las dos empresas que hace esto en la Argentina (la otra es Impsa, de Enrique Pescarmona). "Hace más de ocho años que hacemos todo el trabajo de desarrollo y consolidación, para estar preparados para el momento en que la energía eólica tome impulso en el país", cuenta Juan Ismael Retuerto, responsable técnico de esta compañía.

Un aerogenerador de 1.5 megavatios, instalado, con toda la obra civil y electromecánica, está en el orden de los US$ 2.7 millones. "La mitad de nuestros componentes son nacionales, pero todo se ensambla aquí. Utilizamos la estructura industrial molinopartista, con lo que queremos incrementar la participación nacional y creemos que podemos llegar a 75 por ciento en poco tiempo", precisa Retuerto.(Autor: La Nación)